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Opinión

  • Agencias vs consultoras: La guerra revive

    30 de mayo 2012

    Parecía que la guerra había terminado cuando se enfrió la primera batalla por el CRM, pero ha estado latente todos estos años. De un lado, las grandes consultoras, mano derecha de los CIOs (Chief Information Offcers) y con sistemas instalados en decenas de miles de compañías. De otro, los grupos de comunicación en plena expansión para minimizar en sus balances el peso de la publicidad y maximizar el de otros servicios, proveedores predilectos de los CMOs (Chief Marketing O¬fficers). Hasta ahora, unos no ofrecían creatividad y los otros ofrecían sólo de forma excepcional (redes con vocación de marketing directo) tecnología de tratamiento masivo de datos de marketing. Pues bien, Accenture y Deloitte afilan sus armas e incluso esta última empieza a ofrecer diseño. Mientras tanto, grupos como Publicis o WPP están en plena ebullición con proyectos como Fluent (desde Razor¬fish) en el primer caso, o la alianza con el gigante hindú Infosys llamada BrandEdge (desde Fabric) en el segundo.

    ¿Qué ha reavivado el rescoldo bélico? Sin duda, la generación de terabites de datos procedentes del marketing digital. En algunos casos en los que esos datos se pueden cruzar fácilmente con los de clientes, como es el de los grandes de la distribución, las posibilidades son inmensas y de aplicación inmediata. También lo fueron en la era del CRM. Como entonces, sacar partido de todo esto requiere dos cosas, inversión e inteligencia. Quizás por eso solamente los grandes (bancos aparte) como Tesco, Wal Mart, Coca-Cola o P&G están metidos hasta la cintura en este río.
    La semana pasada corrió por la red una excelente idea brasileña: al comprar mayonesa Hellmans, al cliente le aparecía en el ticket una receta sugerida para usarla con otros productos de la misma cesta. La idea, en efecto, es buena, pero su aplicación práctica sólo es posible para el distribuidor y si cuenta detrás con un gran centro de datos. Es un ejemplo de lo que puede dar de sí un uso imaginativo de los datos en el marketing. La ventaja sobre la primera batalla del CRM es que ahora hay sistemas que pueden automatizar las opciones del cliente en función de sus datos, por ejemplo con páginas web dinámicas o aplicaciones de móviles. Como entonces, la creatividad va a ser muy útil. A un sistema de minería de datos no se le ocurre lo de la receta. Sólo ofrece respuestas a las preguntas. Y las preguntas deben estar ya cargadas de intención y creatividad. Sigamos de cerca el combate.

    Por David Torrejón, director editorial de Publicaciones Profesionales

  • El Sol, nueva era

    28 de mayo 2012

    Tras una primera y testimonial edición en Marbella, el festival ahora llamado El Sol ha estado durante tres décadas asociado a la ciudad de San Sebastián. Tanto que, durante años, el nombre de la ciudad también estaba incorporado al evento. Ahora, al alcanzar su vigesimoséptima edición, el festival de la AEACP estrena en Bilbao nueva sede.

    Llega el cambio en un momento difícil para el sector, para los festivales y para el propio país. Dicen algunos que estos no son tiempos de realizar mudanzas pero, para otros, un cambio puede suponer una revitalización o revulsivo, como se dice en deporte. Cambiar de sede sería así el equivalente a cambiar de entrenador en un club de fútbol. Por el momento, parece que optar por esta segunda opción ha sido acertado. Las inscripciones se han estabilizado en cuanto a su número global —lo que ya es un cambio de tendencia— aunque por secciones el asunto se pueda analizar en más detalle. Dado que las españolas han descendido, está claro que la labor de promoción exterior de la AEACP ha funcionado. Así, la excusa del cambio de sede ha dado la oportunidad para refrescar la oferta del festival en diversos países. En cuanto al número de delegados, lo que de verdad importa a la ciudad que apoya al evento, también parece que habrá un balance positivo, aunque tendremos que esperar, dada la cantidad de delegados que se inscribe a última hora. Con el balance en la mano sabremos si la elección de una nueva sede ha pagado dividendos en asistencia local y/o latina.

    Para otros asuntos habrá que esperar incluso más tiempo. Por ejemplo, la organización. La dificultad extra de un cambio hará mucho más complicada la gestión del evento para la organización, así que será difícil ser crítico el primer año. Y si todo transcurre correctamente, habrá que dar un doble reconocimiento. Por último, donde no parece que apunten muy bien las cosas es en el apartado competitivo, al menos para las agencias españolas. A estas alturas y según las normas de la competición, ya deberían haberse emitido las campañas participantes y, como de costumbre, deberíamos tener en mente un manojo de candidatos a premio. Por el momento, estos se cuentan con los dedos de una mano y, si bien siempre hay sorpresas de última hora —de no ser así, los festivales perderían su mayor atractivo—, no parece que sea probable un resultado arrollador de las agencias españolas. Al menos en los apartados de piezas (quizás de ahí la baja inscripción), porque las secciones que se juegan con casos son siempre más proclives a producir sorpresas en base a resultados y a vídeos de presentación capaces de extraer valores que en una pieza nunca lucirían de la misma forma. Quisiéramos equivocarnos, pero todo apunta más bien a lo contrario: un descenso del nivel creativo de la publicidad española. Y si finalmente no acertamos, estaremos encantados de reconocerlo.

    Pero, y esta es la última reflexión, un festival no es sólo una competición o la excusa para una reunión de profesionales, es sobre todo una herramienta para mejorar la competitividad de un sector. En ese sentido, el verdadero éxito sería comprobar que las salas de exhibición de piezas o casos vuelven a llenarse de delegados y no solo durante la entrega de premios.

    Editorial Anuncios

     

  • El Sol, nueva era

    28 de mayo 2012

    Tras una primera y testimonial edición en Marbella, el festival ahora llamado El Sol ha estado durante tres décadas asociado a la ciudad de San Sebastián. Tanto que, durante años, el nombre de la ciudad también estaba incorporado al evento. Ahora, al alcanzar su vigesimoséptima edición, el festival de la AEACP estrena en Bilbao nueva sede.

    Llega el cambio en un momento difícil para el sector, para los festivales y para el propio país. Dicen algunos que estos no son tiempos de realizar mudanzas pero, para otros, un cambio puede suponer una revitalización o revulsivo, como se dice en deporte. Cambiar de sede sería así el equivalente a cambiar de entrenador en un club de fútbol. Por el momento, parece que optar por esta segunda opción ha sido acertado. Las inscripciones se han estabilizado en cuanto a su número global —lo que ya es un cambio de tendencia— aunque por secciones el asunto se pueda analizar en más detalle. Dado que las españolas han descendido, está claro que la labor de promoción exterior de la AEACP ha funcionado. Así, la excusa del cambio de sede ha dado la oportunidad para refrescar la oferta del festival en diversos países. En cuanto al número de delegados, lo que de verdad importa a la ciudad que apoya al evento, también parece que habrá un balance positivo, aunque tendremos que esperar, dada la cantidad de delegados que se inscribe a última hora. Con el balance en la mano sabremos si la elección de una nueva sede ha pagado dividendos en asistencia local y/o latina.

    Para otros asuntos habrá que esperar incluso más tiempo. Por ejemplo, la organización. La dificultad extra de un cambio hará mucho más complicada la gestión del evento para la organización, así que será difícil ser crítico el primer año. Y si todo transcurre correctamente, habrá que dar un doble reconocimiento. Por último, donde no parece que apunten muy bien las cosas es en el apartado competitivo, al menos para las agencias españolas. A estas alturas y según las normas de la competición, ya deberían haberse emitido las campañas participantes y, como de costumbre, deberíamos tener en mente un manojo de candidatos a premio. Por el momento, estos se cuentan con los dedos de una mano y, si bien siempre hay sorpresas de última hora —de no ser así, los festivales perderían su mayor atractivo—, no parece que sea probable un resultado arrollador de las agencias españolas. Al menos en los apartados de piezas (quizás de ahí la baja inscripción), porque las secciones que se juegan con casos son siempre más proclives a producir sorpresas en base a resultados y a vídeos de presentación capaces de extraer valores que en una pieza nunca lucirían de la misma forma. Quisiéramos equivocarnos, pero todo apunta más bien a lo contrario: un descenso del nivel creativo de la publicidad española. Y si finalmente no acertamos, estaremos encantados de reconocerlo.

    Pero, y esta es la última reflexión, un festival no es sólo una competición o la excusa para una reunión de profesionales, es sobre todo una herramienta para mejorar la competitividad de un sector. En ese sentido, el verdadero éxito sería comprobar que las salas de exhibición de piezas o casos vuelven a llenarse de delegados y no solo durante la entrega de premios.

    Editorial Anuncios

     

  • Contenido de marca, ‘pros’ y ‘cons’

    23 de mayo 2012

    El branded content o contenido de marca no es nada nuevo: podríamos decir que tiene un siglo si admitimos como tal una receta de cocina patrocinada. Pero las circunstancias por las que se ha convertido en una tendencia creciente, aunque aún minoritaria, sí lo son. Ese fue el punto de partida de un reciente seminario organizado por esta casa sobre esta controvertida técnica.

    Digo controvertida en múltiples aspectos, según quedó claro en la cita. En el legal y especialmente en el medio televisivo, porque la nueva normativa es más restrictiva, pero parece no aplicarse, o no siempre por igual. En el de su propia gestión, por la tensión que siempre se produce entre los intereses de la marca, que busca protagonismo, y los del editor, que quiere audiencia. Y en el de la propia decisión del anunciante de incluirlo en su comunicación, por la incertidumbre de los resultados.
    Al respecto se hicieron interesantes propuestas. Una, un procedimiento de trabajo establecido, cerrado y aprobado por las partes. Dos, una especie de fuego cruzado de resultados por el cual el anunciante pagase más o menos en función del tráfico conseguido por el contenido de marca y, a su vez, el medio cobrase en función de mayores o menores resultados conseguidos por la marca. Siendo una tendencia general (basta con seguir la evolución de nuestro semanario y ver cómo las páginas de publicidad se transforman en secciones patrocinadas, eso sí, siempre identificadas) lo cierto es que en cada medio tiene unas características peculiares. Si en la televisión se trata de un juego de notoriedad cuanti y cualitativa, en el medio revistas se trata de sacar partido de los atributos de la marca cabecera para mejorar los propios y, en internet, de generar una vinculación o engagement que derive en otro tipo de contactos online con la marca.

    Cada medio tiene su peculiaridad pero, como apuntó un ponente, ¿qué pasaría si todo lo que hiciésemos fuera branded content? La tele se parecería mucho a la de hace cincuenta años, y en las revistas lo que verdaderamente tendría impacto sería una buena página de publicidad de las de antes. ¿Por qué si no se impusieron entonces los formatos convencionales como el spot, la cuña o la página? Como siempre, el mejor consejo es evitar lo que hacen todos o, dicho de otra forma, el éxito está reservado para los audaces, porque hacer siempre lo mismo lleva a parecidos resultados.

    Por David Torrejón

  • El ROI de la publicidad institucional

    21 de mayo 2012

    Era cuestión de tiempo el anuncio de un nuevo recorte de las campañas institucionales de la Administración central y éste ya se ha producido. Se acumula así una disminución del presupuesto del 62,7% sobre el plan de 2007. Enjuiciar este recorte requeriría un análisis previo, que por supuesto ni se ha hecho ni se piensa hacer, de la eficacia de la publicidad institucional. Por tanto, estaremos hablando siempre a partir de impresiones subjetivas. Admitiendo que la nuestra es una de ellas, parece que la respuesta es doble: es acertado en cuanto a las campañas e inversiones en comunicación que se dedican a la mayor gloria del ente comunicador (ministerios en este caso), y desacertada en el caso de campañas que tienen una repercusión social beneficiosa, incluso medida en términos económicos.

    Por tanto, todo depende de esa casi siempre inexistente medición. El caso de las campañas de la DGT (otra es la promoción turística) es una excepción, aunque la exactitud de la medición está dificultada por el hecho de que son muchos factores los que actúan simultáneamente y no se han hecho, que sepamos, modelos que permitan aislar el efecto de la publicidad.

    Todo esto lleva a la exigencia de profesionalizar la gestión del presupuesto publicitario (de cualquier administración). Y eso no incluye sólo la medición, sino la puesta en marcha de campañas que ataquen algunos de los problemas que han aquejado al llamado estado del bienestar. Campañas que deben prolongarse en el tiempo y que sin duda habrían sido muy rentables de haberse puesto en marcha hace años. Por ejemplo, el uso racional y honesto por parte de los ciudadanos de los recursos de la Seguridad Social habría pagado buenos dividendos, pero las campañas han estado divididas por comunidades, han sido básicamente de autobombo y, en el caso de las que persiguen objetivos prácticos, muchas veces se han visto limitadas a espantosos carteles exhibidos en los ambulatorios. Una conciencia ciudadana formada al respecto habría permitido llegar a las estrecheces actuales con una mucho mejor situación, pero parecía que el superávit lo resistía todo.

    Es obvio que la publicidad no soluciona todo y que tiene que responder a una oferta real. Por ejemplo, para que la Formación Profesional despegue en España se requiere una mejora de la oferta y una actuación continuada, y no de un par de años, que mejore la opinión y, por tanto, la demanda. Y así tantas otras cosas.

    El Estado y las Comunidades tienen la posibilidad de determinar con bastante facilidad la eficacia de sus campañas y sería una exigencia lógica que lo hicieran y que presentaran sus resultados a los ciudadanos. De esta forma se conseguirían varias cosas: verificar la eficacia de la gestión, evitar despilfarros y, lo que más importa, incrementar la eficacia. Con todo ello, las decisiones de recortar o potenciar se tomarían sobre unas bases objetivas y lógicas y no con tabla rasa.

  • Y, sin embargo, hay I+D

    16 de mayo 2012

    Hace unos días tuve la suerte de asistir a una de las dos jornadas del Simposio de Profesores Universitarios de Creatividad Publicitaria que se celebra cada dos años, en esta ocasión en la Pompeu Fabra de Barcelona.

    Allí descubrí que existe algo que desde estas páginas tanto hemos reclamado: un hueco para el I+D de la comunicación persuasiva aplicada al marketing. Un grupo multidisciplinar llamado GTI (https://gti.upf.edu/) presentó tres proyectos sorprendentes de la mano del catedrático de Creatividad de esa universidad, Xavier Ruiz Collantes.

    Uno de ellos, además, toma como base un modelo teórico del profesor que no había podido desarrollarse por falta de tecnología. Un modelo teórico que, como todos los realmente buenos, es muy sencillo y que pretende sistematizar el trabajo creativo hasta hacerlo accesible a la inteligencia artificial. Por un lado, los conceptos derivados del briefing, por otro el repertorio de operaciones cognitivas que realizan los creativos y, por otro, los inputs de todo tipo almacenados en su memoria. Si sistematizamos el briefing y el repertorio de operaciones cognitivas, sustituimos la memoria por la red e introducimos un
    algoritmo de búsqueda que se alimente de todo eso, lo que tenemos es un generador artificial de insights. El invento, ya en fase avanzada y dando resultados en pruebas, se llama Sinaid y está patrocinado por una empresa privada, la agencia barcelonesa Paradigma FCM.

    Los otros desarrollos, uno que ayuda a la creación a través de las imágenes en la red y otro que profundiza en métodos colaborativos de storytelling, también me parecieron sumamente interesantes, aunque no gozaron del tiempo necesario. Importante también que cada uno fuera expuesto por los propios alumnos a su cargo.

    Volviendo a Sinaid, los ejemplos de insights que se mostraron fueron realmente interesantes. Aunque siga siendo imprescindible que un creativo o planner analice su potencial, a mí me pareció una forma muy práctica de adelantar unas cuantas fases el trabajo de conceptualización o, al menos, de enriquecerlo. Desde el punto de vista del modelo teórico es como dotar al creativo o planner de más fórmulas retóricas de las que usa habitualmente y de muchas más experiencias que las acumuladas a lo largo de su vida sin pasar por un grupo cualitativo.

    Pero, sobre todo, me pareció un magnífico ejemplo de lo que puede hacerse mediante la colaboración de la universidad y la empresa privada.

    Por David Torrejón

  • El factor humano

    14 de mayo 2012

    Desde hace relativamente poco tiempo sabemos que los seres humanos actuamos y tomamos decisiones con una mayor influencia de factores emocionales que racionales. Damasio demostró que usamos nuestra inteligencia para racionalizar y justificar después esas decisiones que hemos adoptado en un estrato inconsciente de nuestro cerebro. Esta demostración, sin duda inquietante, lejos de haber producido una conmoción en aquellas parcelas de la vida económica o política en las que es obligatorio tener en cuenta la forma en que el otro decide, ya sea pareja, cliente o votante, se están abriendo paso lentamente y con dificultad. Nada raro, si tenemos en cuenta que la visión racional del ser humano lleva muchos años vigente y se sigue enseñando en muchas escuelas de futuros mandos.

    Quizás por eso asistimos a este espectáculo inacabable en el que los destinos de la Unión Europea se dirigen con criterios férreamente economicistas y macroeconómicos. Los expertos en marketing saben que dejar fuera de la ecuación al cliente es un mal asunto, ya sea desde un enfoque racional o emocional. Pues eso es lo que se está haciendo a escala europea, poniendo por delante ecuaciones económicas en las que el factor humano no está presente o, si lo está, no se le considera en su auténtico potencial. Pensar que, si se arrincona a un país democrático contra las cuerdas, sus ciudadanos van a seguir como corderos las decisiones tomadas lejos de sus hogares y ejecutadas por políticos locales, es no entender nada. El caso griego es un ejemplo evidente. Ojala nos equivoquemos, pero su salida de la zona euro es cuestión de poco tiempo y su default pondría en peligro otras economías de mayor peso o de un peso insoportable para el sistema euro, como la española o la italiana.

    En España, la fortuna ha querido que las elecciones le pasaran por la puerta al partido de la oposición en el momento oportuno. De haber ocurrido dos años antes, con el consiguiente desgaste, podríamos estar en una situación a la griega. Lo cual no quiere decir que nuestra situación social no pueda empeorar con un gobierno en mayoría absoluta y una oposición poco o nada comprometida.

    ¿Nadie piensa en la reacción de los votantes de esos países? Es obvio que no, que quienes dirigen los destinos de Europa no cuentan con un planificador estratégico y que, si bien usan de técnicas de comunicación y marketing para ganar el favor de sus votantes, cuando éstos no son suyos esas cosas dejan de importarles. Da la impresión de que no tienen siquiera un politólogo de cabecera que anticipe que a toda acción sucede una reacción. Y que esa reacción puede terminar con el castillo de naipes en que se ha convertido la Unión Europea.

    Sólo ahora, más de dos años después de un continuado fracaso de la política de recortes y ante el ejemplo griego, se están planteando la necesidad de un cambio o aligeramiento de la misma. O quizás este planteamiento nuestro está equivocado, quizás quienes tienen el poder europeo in pectore, el Banco Central Europeo y especialmente quien lo controla, la Alemania de la canciller Ángela Merkel, están actuando como Damasio descubrió: disfrazando de racionales unas decisiones tomadas desde la emoción y servidas en bandeja como tales a sus propios votantes.

    Editorial Anuncios

     

  • El factor humano

    14 de mayo 2012

    Desde hace relativamente poco tiempo sabemos que los seres humanos actuamos y tomamos decisiones con una mayor influencia de factores emocionales que racionales. Damasio demostró que usamos nuestra inteligencia para racionalizar y justificar después esas decisiones que hemos adoptado en un estrato inconsciente de nuestro cerebro. Esta demostración, sin duda inquietante, lejos de haber producido una conmoción en aquellas parcelas de la vida económica o política en las que es obligatorio tener en cuenta la forma en que el otro decide, ya sea pareja, cliente o votante, se están abriendo paso lentamente y con dificultad. Nada raro, si tenemos en cuenta que la visión racional del ser humano lleva muchos años vigente y se sigue enseñando en muchas escuelas de futuros mandos.

    Quizás por eso asistimos a este espectáculo inacabable en el que los destinos de la Unión Europea se dirigen con criterios férreamente economicistas y macroeconómicos. Los expertos en marketing saben que dejar fuera de la ecuación al cliente es un mal asunto, ya sea desde un enfoque racional o emocional. Pues eso es lo que se está haciendo a escala europea, poniendo por delante ecuaciones económicas en las que el factor humano no está presente o, si lo está, no se le considera en su auténtico potencial. Pensar que, si se arrincona a un país democrático contra las cuerdas, sus ciudadanos van a seguir como corderos las decisiones tomadas lejos de sus hogares y ejecutadas por políticos locales, es no entender nada. El caso griego es un ejemplo evidente. Ojala nos equivoquemos, pero su salida de la zona euro es cuestión de poco tiempo y su default pondría en peligro otras economías de mayor peso o de un peso insoportable para el sistema euro, como la española o la italiana.

    En España, la fortuna ha querido que las elecciones le pasaran por la puerta al partido de la oposición en el momento oportuno. De haber ocurrido dos años antes, con el consiguiente desgaste, podríamos estar en una situación a la griega. Lo cual no quiere decir que nuestra situación social no pueda empeorar con un gobierno en mayoría absoluta y una oposición poco o nada comprometida.

    ¿Nadie piensa en la reacción de los votantes de esos países? Es obvio que no, que quienes dirigen los destinos de Europa no cuentan con un planificador estratégico y que, si bien usan de técnicas de comunicación y marketing para ganar el favor de sus votantes, cuando éstos no son suyos esas cosas dejan de importarles. Da la impresión de que no tienen siquiera un politólogo de cabecera que anticipe que a toda acción sucede una reacción. Y que esa reacción puede terminar con el castillo de naipes en que se ha convertido la Unión Europea.

    Sólo ahora, más de dos años después de un continuado fracaso de la política de recortes y ante el ejemplo griego, se están planteando la necesidad de un cambio o aligeramiento de la misma. O quizás este planteamiento nuestro está equivocado, quizás quienes tienen el poder europeo in pectore, el Banco Central Europeo y especialmente quien lo controla, la Alemania de la canciller Ángela Merkel, están actuando como Damasio descubrió: disfrazando de racionales unas decisiones tomadas desde la emoción y servidas en bandeja como tales a sus propios votantes.

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  • ¿Adiós a la cultura del coche?

    09 de mayo 2012

    Vivimos tiempos en los que a lo largo de la vida de un individuo se producen cambios orogénicos, capaces de levantar montañas y hundirlas también. Y no me refiero a cataclismos históricos, como la caída del Muro de Berlín, sino a la forma de comportarse de las personas. Ahora veo cosas que con 20 o 30 años habría considerado un disparate: el desprestigio de los creadores, la progresiva pérdida de importancia de la cultura del automóvil o el fin de los bailes agarraos.

    Lamentando mucho lo último, me referiré a lo penúltimo, que anticipaba yo en esta columna hace unos meses. Y es que se sigue ratificando por nuevos estudios que, hasta en Estados Unidos, donde si no tienes coche eres un paria social y donde sacarte el carné es lo más parecido a aprobar la catequesis, los jóvenes están, por lo que parece, empezando a pasar de los coches. Las razones son múltiples y hasta yo mismo, que leo revistas del motor desde los 14 años, soy capaz de entenderlas.

    Por un lado, ya se puede comprar desde casa prácticamente de todo (incluso coches). Por otro, tampoco es necesario moverse físicamente para estar en contacto con los demás en sentido restringido (churri) o amplio (pandilla). Y por último, el coste del combustible está por las nubes. Añadiría otras razones de cosecha propia como que el utilitario ya no es una válvula de escape imprescindible para huir de un entorno familiar opresivo. En romance paladino: hay otros sitios donde pelar la pava.
    Si yo fuera petrolera, de estas nuestras que aprovechan la Semana Santa para poner el carburante en su máximo anual (y normalmente histórico), me pensaría bien mi estrategia, o mejor dicho, mi táctica.

    Si quieren enseñar a los jóvenes, sus futuros clientes, lo bien que se pasa un puente en casita, en la habitación con la pareja y conectado a internet con los amiguetes, van por el buen camino. Supongo que las operadoras se lo estarán agradeciendo. No así los creadores, por razones obvias.

    Me gustaría que alguien hiciera un estudio histórico sobre la evolución del coste del carburante en relación con el consumo medio de los vehículos. Tengo la impresión de que sería revelador. Pero, esa es otra historia que, por cierto, no ha cambiado desde hace treinta años, y no me sorprende nada.

    Por David Torrejón, director editorial de Publicaciones Profesionales

  • ¿Adiós a la cultura del coche?

    09 de mayo 2012

    Vivimos tiempos en los que a lo largo de la vida de un individuo se producen cambios orogénicos, capaces de levantar montañas y hundirlas también. Y no me refiero a cataclismos históricos, como la caída del Muro de Berlín, sino a la forma de comportarse de las personas. Ahora veo cosas que con 20 o 30 años habría considerado un disparate: el desprestigio de los creadores, la progresiva pérdida de importancia de la cultura del automóvil o el fin de los bailes agarraos.

    Lamentando mucho lo último, me referiré a lo penúltimo, que anticipaba yo en esta columna hace unos meses. Y es que se sigue ratificando por nuevos estudios que, hasta en Estados Unidos, donde si no tienes coche eres un paria social y donde sacarte el carné es lo más parecido a aprobar la catequesis, los jóvenes están, por lo que parece, empezando a pasar de los coches. Las razones son múltiples y hasta yo mismo, que leo revistas del motor desde los 14 años, soy capaz de entenderlas.

    Por un lado, ya se puede comprar desde casa prácticamente de todo (incluso coches). Por otro, tampoco es necesario moverse físicamente para estar en contacto con los demás en sentido restringido (churri) o amplio (pandilla). Y por último, el coste del combustible está por las nubes. Añadiría otras razones de cosecha propia como que el utilitario ya no es una válvula de escape imprescindible para huir de un entorno familiar opresivo. En romance paladino: hay otros sitios donde pelar la pava.
    Si yo fuera petrolera, de estas nuestras que aprovechan la Semana Santa para poner el carburante en su máximo anual (y normalmente histórico), me pensaría bien mi estrategia, o mejor dicho, mi táctica.

    Si quieren enseñar a los jóvenes, sus futuros clientes, lo bien que se pasa un puente en casita, en la habitación con la pareja y conectado a internet con los amiguetes, van por el buen camino. Supongo que las operadoras se lo estarán agradeciendo. No así los creadores, por razones obvias.

    Me gustaría que alguien hiciera un estudio histórico sobre la evolución del coste del carburante en relación con el consumo medio de los vehículos. Tengo la impresión de que sería revelador. Pero, esa es otra historia que, por cierto, no ha cambiado desde hace treinta años, y no me sorprende nada.

    Por David Torrejón, director editorial de Publicaciones Profesionales

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