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Opinión

  • Estereotipos

    19 de enero 2012

    A ver, por favor: que levante la mano quien haya visto últimamente un anuncio en el que una mujer friegue mientras su marido está tumbado en el sofá viendo el fútbol por la tele. Ahora que levante la mano quien haya visto más de un anuncio en el que una mujer, con aspecto de ejecutiva, triunfa ante unos hombres poco menos que idiotas.

    Podemos levantar también la mano los que creemos que hay más anuncios donde el sexo que domina en los escarceos sexuales en la publicidad es el femenino. Contemos. Seguro que el caso con menos manos levantadas es el primero. ¿Por qué entonces sigue funcionando en la radio, en las cartas al director, en la barra del bar, en las discusiones con la cuñada feminista el estereotipo de que la publicidad consagra el reparto tradicional de roles?

    Y si nos referimos al lugar común de que la publicidad crea falsas necesidades, podríamos encontrar legiones de citas en una semana. Con lo difícil que es lanzar un nuevo producto con éxito. Los fracasos se mueven entre el 70% y el 80% según los sectores. ¿Alguien se ha comprado una segunda yogurtera o una segunda licuadora? Sin embargo, todos cambiamos de móvil una vez cada dos años, como mucho.

    El sentido común (Maslow) nos dice que la necesidad de la yogurtera debería ser mayor que la de un cacharro que nada tiene que ver con comer, pero resulta que la primera la tiramos a la mínima oportunidad y el segundo nos hace volver a casa si nos lo olvidamos. Hace una docena de años nadie sabía que tenía la necesidad de un cacharro que le conectase veinticuatro horas al día. ¿Ha sido la publicidad la que nos hizo dependientes del móvil? ¿O ha sido el propio producto que nos despertado una necesidad latente?

    Yo mismo creo que caigo a veces en el estereotipo. Hablo de esos anuncios que son una pura traslación del briefing como si fueran los más abundantes en nuestras televisiones. La ingrata tarea de seleccionar entre miles de piezas de publicidad cada mes me ha hecho ver que eso es otro estereotipo. Lo cierto es que, si prescindimos de tres o cuatro grandes anunciantes recalcitrantes y un par de sectores propicios a que entre la morralla, la media de nuestra producción televisiva (canales nacionales) ha subido mucho. ¿Por qué nos cuesta tanto desechar los estereotipos? Son muletillas para interpretar el mundo con más facilidad. Pero nos llevan por caminos equivocados. Intentaré enmendarme.

    David Torrejón es director editorial de Publicaciones Profesionales

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    Más abajo hay una lista de los enlaces de los blogs que hacen referencia a Estereotipos:

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